La Formulación de la Doctrina de la Trinidad

Un Historia de la Formulación de la Doctrina de la Trinidad en el Cristianismo Ortodoxo

La doctrina de la Trinidad no siempre ha formado parte de la enseñanza cristiana. En realidad, esta doctrina no fue formalmente establecida sino hasta el siglo IV. Resulta muy interesante conocer la historia de esta doctrina.

Este pequeño libro ha sido elaborado para ilustrar como se comenzó a discutir acerca de la misma, los eventos que llevaron a que se tratara en un Concilio, y la forma mediante la cual finalmente fuera adoptada.

Gran parte de la historia que habrá de leer, ha sido tomada del libro “The Two Republics” (Las dos repúblicas) de A. T. Jones (1850 – 1923), y publicada en 1891 por The Review & Herald Publ. Co, Battle Creek, Michigan. A menos que se señale lo contrario, todas las citas en este libro pequeña han sido tomadas de este libro. Para referencia se incluye el número de página.

Primeramente, veamos como comenzó la controversia. Esta controversia, a menudo se la designa “la controversia ariana.” Comenzamos el estudio considerando un incidente que sucedió en la ciudad de Alejandría durante la primera parte del siglo IV.

“Un cierto Alejandro era obispo de Alejandría. Ario era un presbítero de una iglesia parroquial en la misma ciudad. Alejandro trató de explicar ‘la unidad de la Santa Trinidad’. Ario discentió de los puntos de vista de Alejandro. Se llamó a un sínodo de presbíteros de la ciudad, y se discutió esta cuestión. Ambos bandos reclamaban tener la victoria, y la controversia se extendió. Luego Alejandro convocó a un concilio de un centenar de obispos, la mayoría endosaban la postura de Alejandro. Tras esto, se le ordenó a Ario que abandone su propia opinión, y que adopte el
de Alejandro. Ario rehusó, y Alejandro lo excomulgó, junto con todo aquel que sostuviese la misma opinión; de los cuales hubo un considerable número de obispos, otros clérigos, y mucha gente.” (p. 332) Como se puede apreciar, esta no era una controversia minúscula.

¿De qué se trataba la controversia?

“Si, por lo tanto, el Hijo de Dios es de la misma o similar sustancia con el Padre, fue el tema de la disputa. La controversia se realizó en griego, y toda la cuestión giró en torno a una sola letra. El término que expresaba la idea de Alejandro es: HOMOOUSION. El término que expresaba la creencia de Ario es: HOMOIOUSION. Uno de los términos contiene dos i, y el otro solamente una, pero ninguno de los dos bandos sabía porque la palabra debía tener o no esta otra i. Aún Atanasio mismo, quien le sucedió a Alejandro como obispo de Alejandría, habiéndolo trascendido en todo lo demás, ‘ha confesado cándidamente que al forzar su mente para meditar acerca de la divinidad del Logos, sus vanos y laboriosos esfuerzos se rechazaban a sí mismos; y cuanto más pensaba, tanto menos
comprendía; y cuanto más escribía, tanto menos capaz era de expresar sus pensamientos.’— Gibbon ‘Decline and Fall,’ chap. v, par. i.”. (p. 334).

Resulta muy interesante notar que el principal perpetrador de los puntos de vista de Alejandro, quien ni siquiera comprendió las cosas por las cuales era tan refractario que otros aceptasen. ¿Se puede entender como tanta gente era renuente a aceptar estos nuevos puntos de vista acerca de Dios?

Veamos que involucraban las ideas de Alejandro. “Alejandro declara:—‘Él Hijo es inmutable el cual nunca a cambiado, autosuficiente y perfecto, como el Padre, con la única diferencia, que este fue un engendrado, no así el Padre. Él es la imagen exacta de Su Padre. Todo se encuentra en la imagen, que es la misma que existe en el
arquetipo [el original]; y esto fue lo que enseño nuestro Señor cuando dijo; ‘mi Padre es mayor que Yo.’ Y por lo tanto nosotros creemos y coincidimos que el Hijo procedió del Padre; porque Él es el reflejo de la gloria del Padre, y la figura de Su sustancia. Pero no permita ser dirigido por esto a suponer que el Hijo no fue engendrado, como creen algunos de deficiencia intelectual; porque decir que Él fue, y que Él siempre a sido, y que Él ha existido antes de las edades, no quiere decir que Él no fuera engendrado.” (p. 333)

De acuerdo con Alejandro, la única diferencia entre Padre e Hijo, era que el Hijo es unigénito. Al explicar como era unigénito el Hijo, Alejandro citó a Jesús al decir que procedió del Padre. No obstante, en su declaración final, Alejandro asegura del Hijo, que siempre ha existido. Luchó para reconciliar la idea del Hijo unigénito con la nueva
idea de que siempre existió. Mas adelante, en este escrito, consideraremos esta nueva idea.

Veamos lo enseñado por Ario. “Ario dijo:—‘Nosotros decimos, creemos, hemos enseñado y enseñamos, que el Hijo no es engendrado, de ninguna manera engendrado, ni aun en parte; y que Su sustancia de ninguna manera es
derivada de otra materia; sino por Su propia voluntad y consejo ha substituido antes de los tiempo y las edades, como Dios es perfecto, y único unigénito invariable, y que no existía antes de ser engendrado, o creado, o intencionado, o establecido. Pues no tuvo principio. Nosotros somos perseguidos porque decimos que el Hijo tuvo comienzo, pero que Dios era sin principio. Esta es verdaderamente la causa por la cual se nos persigue, y así mismo, porque decimos que viene de la nada. Y esto decimos, porque no es ni parte de Dios ni de ninguna materia subyacente alguna.’” (p. 333)

Es interesante observar que Ario empleó el término “creado” al referirse al Hijo de Dios, pero como puede verse en la declaración precedente, entendió que Cristo era el unigénito de Su Padre, y por lo tanto, tuvo un comienzo. De allí que Ario en realidad creyó que Cristo era el “unigénito Hijo de Dios.”

El desarrollo de la controversia.

“Ario, por sí mismo escribió un libro titulado ‘THALIA’ – Canciones de Alegría – una colección de cánticos mediante los cuales presentaba sus puntos de vista. Este medio prendió, pues en el excitado estado de los bandos, las canciones doctrinales se tarareaban por doquier. Sin embargo, por su parte Alejandro, envió cartas circulares a los obispos principales de los alrededores. La controversia se extendió por todas partes, y a medida que se extendía, se profundizaba.” (p. 332)

“Marineros, molineros y viajeros cantaban las doctrinas disputadas en sus ocupaciones o durante sus viajes. Cada esquina, cada pasillo de la ciudad [esto se dijo luego de Constantinopla, pero debe haber sido más cierto de Alejandría] estaba lleno de estas discusiones – las calles, los mercados, los tenderos, los cambiadores de dinero, los proveedores.

Pregunta a un hombre, ¿cuánto oblaba? Contestaba dogmatizando acerca de un ser engendrado o no engendrado. Pregunta el precio del pan, y se le dice, ‘El Hijo esta subordinado al Padre.’ Pregunta si está listo el baño, y se le dice, ‘El Hijo se levantó de la nada.’—Stanley ‘History of the Eastern Church,’ Lecture iii, par. 10.

“El sueño dorado de Constantino por tener una cristiandad unida, nuevamente se hallaba gravemente turbado.” (p. 337)

En un esfuerzo por conciliar ambas posturas, Constantino les escribió una extensa carta a Ario y a Alejandro, expresando su deseo de contar con un reino unido. Sin embargo, esta carta tuvo el efecto opuesto, pues cada bando deseaba, más que nunca, el granjearse el favor del emperador. Esta contienda se profundizó en lugar de amainar.

El Concilio de Nicea.

En un esfuerzo por dar fin al asunto, Constantino convocó a un concilio general en la ciudad de Nicea en el año 325 AD. Esta reunión se conoce como “El Concilio de Nicea.” Concurrieron 318 obispos, sin incluir una innumerable compañía de diáconos, presbíteros, acólitos y otros concurrentes.

“Luego se presentó la gran cuestión que motivó el concilio. En el concilio hubo tres bandos—quienes estaban con Alejandro, quienes estaban del lado de Ario, y quienes no querían comprometerse, o, con la esperanza de ser mediadores, se mantenían en campo neutral. Ario, por no ser obispo, no podía tener una banca oficial en el concilio, pero se hizo presente bajo la expresa orden de Constantino, siendo llamado con frecuencia para exponer su opinión. Anastasio, quien era el responsable de la presente condición de la disputa de lo que era Alejandro mismo, aún
cuando sólo era diácono, concurrió con su obispo Alejandro. Asimismo él, aún cuando no tenía un cargo oficial en el concilio, tomó parte activa en la discusión y en llegar al resultado final del concilio.

“El bando de Alejandro y Atanasio, se descubrió prontamente, podían depender de la mayoría del concilio, y estaban dispuestos a emplear este poder en la formulación de tal declaración de doctrinas como les convenía primeramente a ellos mismos, y si se encontraba que fuese imposible que el bando de Ario la aceptase honestamente, tanto más
estarían contentos.”

“En la discusión, se leyeron algunas canciones escritas por Ario. En cuanto la bancada de Alejandro las escuchó, levantaron sus brazos en señal de horror, para luego taparse los oídos y cerrar los ojos, para no contaminarse con la horrible herejía.” (p. 347)

Observe que el mismo tipo de respuesta fue presentado por un grupo en la Biblia. Esteban había terminado de presentar una extensa historia de Israel, al decir que eran culpables de asesinar al Hijo de Dios. “Entonces ellos, dando grandes voces, ‘se taparon los oídos, arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.” Hechos 7:57,58.

“Luego se presentó el borrador de un credo, firmado por 18 obispos de la bancada de Ario, pero no llegó a durar lo suficiente como para que alguien obtenga una copia. La oposición prorrumpió en gran alboroto, rompió en pedazos el documento, expulsando a Ario de la asamblea.”

Un credo introducido por Eusebio.

“Luego, Eusebio de Cesarea—el panegirista de Constantino—pensó en acercar los bandos, mediante la presentación de un credo, el cual había estado mayormente en uso antes que existiera la disputa. Manifestó que su confesión de fe había sido uno que aprendió en su infancia, del obispo de Cesarea, y que había aceptado durante su bautismo, y que había enseñado durante toda su carrera, tanto como presbítero y como obispo.

Como argumento adicional, y que creía fuese de gran peso en el concilio, declaró que, ‘había sido aprobado por el emperador, y amados del cielo, que ya lo habían visto.’ Versaba como sigue:—

“ ‘Yo creo en un Dios, el Padre Todopoderoso, Hacedor de todas las cosas, tanto visibles como invisibles, y en un Señor Jesucristo, el Verbo de Dios, Dios de Dios, Luz de Luz, Vida de Vida, el único Hijo unigénito, el Primogénito de toda criatura, unigénito del Padre antes que los mundos, por quien también fueron hechos todas las cosas. Quien por nuestra salvación fue hecho carne y habitó entre los hombres, sufrió y se levantó nuevamente al tercer día y ascendió al Padre, y vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos, y creemos en el Espíritu Santo, creyendo que cada uno de ellos ha existido, el Padre, sólo el Padre; y el Hijo, sólo el Hijo; y el Espíritu Santo, sólo el Espíritu Santo: así también nuestro Señor quien enviara a Sus discípulos a predicar, dijo: ‘Id, enseñad a todas las naciones, bautizándolos en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Concretamente tales cosas afirmamos aquí que son ciertas, que así creemos y que por largo tiempo se ha mantenido así, y lo sostenemos hasta la muerte por esta fe, anatematizando cada herejía carente de dios. Así hemos pensado en estas cosas desde nuestro corazón y alma, desde el momento que hemos sabido otra cosa, y que ahora creemos, y decimos que es verdad, testificamos en nombre del Dios Todopoderoso, y de nuestro Señor Jesucristo, pudiendo aún probar por demostración y persuasión que en el tiempo pasado esto también se creyó y persuadió.” (p. 347, 348)

Eusebio de Cesarea escribió un libro titulado: “Historia Eclesiástica de Eusebio.” En este libro, manifiesta sus creencias, que son las creencias aprendidas como niño, y que enseñó durante su carrera.

Declara: “Como nadie ha visto al Padre, sino el Hijo, de modo que por otro lado nadie puede conocer plenamente al Hijo, sino sólo el Padre [por quien fue engendrado]. Pues quien sino el Padre ha comprendido cabalmente la Luz que hubo antes que el mundo fuese—esa sabiduría intelectual y sustancial, y esa Palabra viva que al principio estuvo con el Padre, antes de toda creación y cualquier producción visible o invisible, primer o único descendiente de Dios, el Príncipe y líder del ejército espiritual e inmortal del cielo, el ángel del poderoso concilio, el ángel ejecutor de la
voluntad del Padre, y el hacedor de todas las cosas junto al Padre, la causa segunda del universo al lado del Padre, el único y verdadero Hijo del Padre, el Señor y Dios y Rey de todas las cosas creadas, quien recibió poder y dominio con la misma divinidad, y poder y honor del Padre…Cuando presenta al Padre y Hacedor como Regente de todo, que comanda con su gesto soberano, sino la palabra divina como próxima a Él, la misma que se nos proclama, como ministrando el comando de Su Padre… El Hijo mismo, sin embargo, de ningún modo indiferente a la adoración al Padre, ha sido asignado para enseñar el conocimiento del Padre a todos… De Él, Moisés obviamente escribió como el segundo después del Padre,… confiado con el segundo rango de soberanía para reinar sobre todos nosotros, ‘el Capitán del ejército del Señor,…” (Historia Eclesiástica de Eusebio, p. 15 – 17)

Resulta claro que Eusebio de Cesárea, comprendió que Cristo fue engendrado (nacido) del Padre antes de todas las cosas. Además cita Proverbios 8:22-30, para probar su postura. En la parte posterior del libro recién mencionado, encontramos diversas cartas escritas poco después del concilio de Nicea. Citamos parte de una carta escrita por Eusebio de Nicomedia (No confundir con el otro Eusebio de Cesarea) “Nunca hemos oído, mi Señor, de dos seres engendrados, ni de uno dividido en dos, ni hemos oído ni creído que podría sufrir cosa corporal alguna, sino que hay uno no-engendrado, y otro verdaderamente de Él…No sólo creemos que Su origen se halla expresado en palabras, sino que no se puede comprender,…” (Credo de Eusebio de Nicomedia—Una vista histórica del concilio de Nicea, por Isaac Boyle, p. 417)

La extraña idea que tanto Padre como Hijo eran no-engendrados [sin principio] era nueva para gente de esa época. Siempre habían entendido que había uno solo no-engendrado [sin principio] y otro engendrado por Él [con un principio]. Esto era el común entender de la mayoría de la gente durante la época del concilio de Nicea.

Sigamos con el desarrollo de los acontecimientos del Concilio de Nicea. Eusebio de Cesarea, justamente había presentado el credo usado extensamente previo a la controversia.

El bando de Ario acepta el credo.

“Tan pronto como esto [la declaración de creencias de Eusebio] fue leído en el concilio, toda la bancada de Ario mostró su deseo de suscribirla. Pero esto no convenció a la bancada de Alejandro y Atanasio; más bien era lo que ellos no querían, ‘pero estaban decididos a encontrar alguna forma de terminología que ningún ariano podría recibir.” (p. 348)

Vemos que los arianos estaban en armonía con las enseñanzas cristianas previas al Concilio de Nicea y presentadas en el credo de Eusebio. A pesar de ello, esto nosatisfizo el bando de Alejandro. Por lo tanto, siguieron buscando algún punto o una palabra, sobre la cual podrían rechazarlo. Se notará que este credo no dice nada acerca de la sustancia del Hijo de Dios, en tanto esa era la cuestión por la cual se había convocado al concilio. Eusebio, obispo de Nicomedia, era el jefe de la bancada de arianos del concilio. A esta altura se produjo una carta que había escrito anteriormente, donde había declarado que ‘asegurar que el Hijo era no-creado, sería decir que era de la misma sustancia—

Homoousion—con el Padre, y decir que Él era de una sustancia eventualmente era una propuesta absurda.’ “Esto le daba al bando de Alejandro y Atanasio, la misma oportunidad que buscaban; del partido de la oposición llegó la palabra sobre la cual habían insistido todo el tiempo, y uno de los jefes de esa política había declarado que el uso del término en relación a esto, había sido abusivo.

Por lo tanto, si ellos insistían en el uso de ese término, ciertamente excluiría la bancada de Ario. La carta originó una violenta excitación. Allí estaba la prueba que buscaban, la carta se rompió en pedazos para señalar su indignación, y la frase que habían acordado rechazar, llegó a convertirse en la frase que ellos mismos acordaron adoptar.’—Stanley
‘History of the Eastern Church,’ Lecture iii, par. 22.” (p. 349)

El bando de Alejandro trata de añadir al credo.

“Como Constantino ya había aprobado el credo usado por Eusebio, ahora el problema de la bancada de Alejandro era si lo aprobarían con la inclusión de este término, y la esperanza de ambos bandos dependía exclusivamente del emperador. Hosio y sus asociados, teniendo con ellos la última constitución, lo inclinó para su lado. En la próxima reunión de la asamblea, nuevamente presentó el credo de Eusebio, lo aprobó, y llamó a todos para que lo adopten. Sin embargo, viendo que la mayoría no adoptaría el credo de Eusebio tal como estaba, Constantino decidió ‘ganar el asentamiento de los ortodoxos, es decir, la parte más poderosa de la asamblea.’ ‘Confió que mediante su inserción los inclinaría para su lado, aun cuando bajo presión del temor y favor, no serían totalmente repelidas los otros. Por lo tanto, el curso más probable para asegurar este resultado, profesando ser el patrono además del intérprete de la nueva frase.’—Stanley ‘History of the Eastern Church,’ Lecture iii, par. 28.

“Constantino ordenó la inclusión del término bajo disputa. La bancada de Alejandro y Atanasio, seguros ahora de la autoridad del emperador, solicitaron el agregado a propósito de otras frases, de modo tal que finalmente al escribir el credo por completo, versaba así:—

“Creemos en un Dios, el Padre Todopoderoso, Hacedor de todas las cosas visibles e invisibles. “Y en un Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, unigénito del Padre, el único unigénito es decir de la sustancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, unigénito y no creado, siendo de una sustancia con el Padre por quien fueron hechas todas las cosas, tanto en el cielo como en la tierra, quien por nosotros hombres y nuestra salvación, descendió del cielo y se hizo carne, y fue hecho hombre, sufrió y se levantó nuevamente el tercer día, ascendió a los cielos, y ha de venir nuevamente para juzgar a los vivos y los muertos. “Y en el Espíritu Santo.

“Pero quienes dicen, ‘Era cuando Él no era,’ y ‘antes de ser engendrado Él no era, y que llegó a la existencia de lo que no era,’ o quienes profesan que el Hijo de Dios es de persona diferente o ‘sustancia’ o que Él es creado, o variable, son anatemizados por la Iglesia Católica.” “Así fue el credo original de Nice.” (p. 348-350)

Modificaciones ulteriores en el credo.

Hoy, ese mismo credo es diferente. A continuación tenemos el
credo de Nicea, tal como se enseña hoy día. Observe los cambios
introducidos:
“Creemos en Dios el Padre, el Todopoderoso Hacedor del cielo y de la
tierra, de todo lo visible e invisible. Creemos en Jesucristo, el Único Hijo de
Dios, eternamente unigénito del Padre [el original dice: el Hijo de Dios,
uni gé ni to del Pa dre, úni co uni gé ni to], Dios de Dios, Luz de Luz, ver da de ro
Dios de ver da de ro Dios, uni gé ni to no crea do, de un Ser con el Pa dre
[original: es de cir de la sus tan cia del Pa dre]. Por Él fueron hechas todas las
cosas. Por nosotros hombres y por nuestra salvación vino del cielo, por el
poder del Espíritu Santo nació de la Virgen María [agregado], y se hizo
hombre,. Por nosotros fue crucificado bajo Pontio Pilato, sufrió muerte y fue
sepultado.” (El orden de la Misa)
El término “eternamente engendrado,” significa lo siguiente:
– 8 –
“La creencia cristiana es que el Cristo de la historia es el Hijo de Dios,
eternamente engendrado por la incesante acción del Padre…” (Háblanos
de Dios, ¿Qué es Él? p. 30, por los Caballeros de Colón)
Esto es lo que los católicos enseñan hoy día. Sostienen que el
término “eternamente engendrado,” significa que Cristo fue
engendrado del Padre, en una acción sin solución de continuidad.
Sostienen que Cristo ha estado en proceso de ser engendrado
eternamente en el pasado, sigue siendo engendrado, y en el futuro
seguirá siendo engendrado. Aparentemente han adoptado esta idea
en un esfuerzo por reconciliar la nueva enseñanza acerca de Cristo
como siempre existiendo, con las simples declaraciones de la Biblia
que Cristo fue el unigénito de Su Padre.
Tome nota de la siguiente interesante cita tomada de una carta
escrita por Ario.
“Hasta nos ha expulsado como ateos de la ciudad, porque no asentimos
a tales declaraciones como siguen, públicamente manifestadas por él.
Dios es siempre, el Hijo es siempre. El Padre y el Hijo son coexistentes.
El Hijo unigénito, coexiste con Dios, y siempre es unigénito: sin ser
engendrado, es unigénito. [Nota a pie: Parece que hubo alguna confusión
de ideas en la mente del obispo, si sus palabras han sido correctamente
informadas por Ario: es probable que este pasaje quiere expresar lo que
se denominó ‘eterna generación’ del Hijo, una fariseo, sin embargo, que,
por sí sola, no puede ser considerada como destacadamente perspicaz
(distinto, simple)]: ni Dios precede en pensamiento al Hijo, ni por un
momento. Siempre Dios, siempre el Hijo. El Hijo existe de Dios mismo.
Porque Eusebio, vuestro hermano, obispo de Cesárea, y Teodoro y
Paulino, Atanasio, Gregorio y Actio, y todos los obispos del este, afirman
que Dios, quien es sin principio, existió antes que el Hijo, ha sido
condenado,…” (Carta de Ario a Eusebio, obispo de Nicomedia; tomado
de Una vista histórica del concilio de Nicea con una traducción de
documentos, p. 39, 40, por Isaac Boyle.)
Como se podrá apreciar, la nueva idea de que Cristo ha existido
tanto como el Padre, no fue de aceptación general con anterioridad al
Concilio de Nicea, ni tampoco después del mismo fue aceptado por
todos los cristianos.
Observemos además otro cambio introducido en el credo de Nicea
desde que fuera escrito por primera vez.
La frase “de un Ser con el Padre” fue agregado al nuevo credo; lo
que describe la creencia corriente que el Padre y el Hijo son el mismo
ser. San Austino dijo:
– 9 –
“El Hijo es una Persona y el Padre es otra, sin embargo, no constituyen
dos seres, pero el Padre es el mismo ser que el Hijo, es decir, el único Dios
verdadero.” (Tracto 36, en Joann).
Cuando el credo de Nicea se firmó por primera vez por los del
concilio, estaban específicamente preocupados con el término “de la
sustancia del Padre.” Estaban preocupados porque algunos podrían
tomar esto como que Padre e Hijo fuesen el mismo ser. Vea la
siguiente pregunta tomada de una carta escrita por Eusebio de
Cesarea.
“Cuando los prelados dictaron esta forma, las expresiones ‘de la
sustancia del Padre,’ y ‘cosustancial con el Padre,’ no pasaron sin
examen. De allí, pues, surgieron varias preguntas, y se formularon
respuestas, y con cuidado se consideró el sentido de estos términos.
Admitieron que las palabras ‘de la sustancia,’ significaba que el Hijo era
del Padre, pero no como parte del Padre [el mismo ser]. Nos pareció bien
asentir a la explicación, como llevando la piadosa doctrina, que el Hijo
era del Padre; pero no, sin embargo, una parte del Padre. Por lo tanto
convenimos en esta opinión, ni tampoco rechazamos el término
cosustanccial, teniendo presente la promoción de paz, ansiosos por evitar
un apartamiento de la creencia correcta. Por la misma razón también
aprobamos los términos ‘engendrado, no creado,’ puesto que la palabra
crear, dijeron, era común a las otras criaturas que fueron hechas por el
Hijo, con lo cual no había similitud, por lo tanto, Él no fue hecho como
los que Él mismo creó, pero es de más excelente sustancia que cualquier
ser creado. Los oráculos divinos nos informan, que era del Padre,
mediante un modo de generación, que no puede ser concebido ni
expresado por inteligencia creada alguna.…
“Pero por la expresión ‘cosustancial con el Padre’ no se significa otra
cosa que el Hijo de Dios no tiene similitud con los seres creados, sino se
asemeja sólo al Padre, por quien fue engendrado, y que no es de otras
sustancia o esencia que la del Padre. Habiendo así explicado la propuesta,
pensamos que justificadamente podíamos dar nuestra conformidad;…”
“Finalmente abrazamos, sin mayor discusión, aquellas expresiones
que hallamos no excepcionales, cuando, por medio de un examen
cándido del sentido de los términos, pareció que concordaban
enteramente con los admitidos por nosotros, en la expresión de fe que
propusimos primeramente.” (Tomado de una carta de Eusebio Panfilioi
de Cesarea a la iglesia de Cesarea. Una vista histórica del concilio de
Nicea, traducción de documentos, p. 44-46, por Isaac Boyle)
– 10 –
Es muy claro que Eusebio de Cesarea no creyó que Cristo fuese,
en modo alguno, un ser creado, sino que fuera engendrado de Su
Padre, haciéndolo así de un orden mucho mayor que cualquier ser
creado. Resulta además interesante notar que Eusebio de Cesarea
le escribiera a Ario, defendiendo la firma del credo. Este punto de
vista, no pareció ser contrario a las creencias de los arianos. Además,
su creencia que Cristo fuera engendrado mas bien que creado, era
aceptable por parte del bando de los atenasianos, y eso le permitía
continuar en su puesto como obispo.
Eusebio escribió que le parecía, junto a otros colegas, que si los
términos “de la substancia del Padre,” y “consubstanciado con el
Padre” estaban en total acuerdo con lo que Eusebio diera a conocer
al principio como declaración de creencias, a cuales creencias
acordaron subscribir todos los arianos.
Los términos en disputa fueron añadidos al credo, y dependiendo
de la definición de estos términos, hasta algunos del partido de los ,
podrían estar de acuerdo con el credo. Sin embargo, con los términos
agregados al credo, todo lo que se necesitaba era mas adelante
revisar la definición de los términos, para presentar una enseñanza
acorde a lo sostenido por la Iglesia Católica de hoy en día.
La aceptación del nuevo credo.
Ahora, volvamos a la descripción del concilio, que encontramos en
Las dos repúblicas. El credo original de Nicea había sido leído
delante de la asamblea.
“Así llegó el credo original de Nicea. La influencia de Constantino
llegó a muchos del concilio, pero 17 obispos rehusaron suscribirlo. El
emperador ordenó que todos lo firmen bajo pena de destierro. Esto
sometió a todos menos cinco. Eusebio de Cesarea, el penegista y uno de
los consejeros de Constantino, se tomó todo un día para ‘deliberar.’
Durante su deliberación, consultó al emperador quien explicó de tal
modo el término Honoousion que podría entenderse como Homoiousion.
Declaró que la palabra, tal como la entendía, no involucraba una unidad
mazaterial de personas de la Deidad como Eusebio temía que podría dar a
entender.—Stanley ‘History of the Eastern Church,’ Lecture iii, par. 34.
En este caso, entonces, Eusebio adoptó el término y suscribió el
credo.” (p. 350)
Acerca de la diferencia entre ambos términos, y que dio origen a la
controversia, Homoiousion (de parecida sustancia), y Homoousion
(de la misma sustancia), Benjamín G. Wilkinson escribió:
– 11 –
“A pesar de todo, quienes pensaban en términos de Homoiousion o
‘similar’, en lugar de Homoousion o ‘idéntico’, fueron prestamente
rotulados como herejes y arianos por el clero. No obstante cuando
Constantino, con plena autoridad del concilio de Nicea, le preguntó a
Hosio, el obispo presidente, cual era la diferencia entre ambos términos,
Hosio respondió que ambas significaban lo mismo. A todo esto, todos
menos unos pocos obispos se largaron a reír embromando al presidente
como si fuese un hereje.” (Verdad Triunfante, p. 92, por Benjamín G.
Wilkinson)
La disputa involucraba términos que ni siquiera se encontraban en
la Biblia. La diferencia entre los términos era tan minúscula, que
resultaba dificultoso determinar cual era la real diferencia. Hasta los
principales defensores del punto de vista ariano, deseaban subscribir
el cuerpo principal del nuevo credo.
“Eusebio de Nicomedia y Teognio de Nicea, suscribieron el cuerpo del
credo, pero rehusaron suscribir la maldición pronunciada sobre las
doctrinas arianas. Se pronunció una sentencia de destierro; luego
cedieron y suscribieron, no obstante se los separó de sus obispados, y su
lugar fue ocupado por católicos. Sin embargo, dos de los otros obispos—
Tomás de Marmarica en LIbia, y Secundo de Prolemair—rehusaron por
completo firmar el credo, y fueron desterrados. En cuanto a Ario, parece
haberse alejado de Nicea tan pronto fue expulsado del concilio. En su
contra se pronunció sentencia de destierro, juntamente con los otros. Pero
como fue el expositor principal de la condenada doctrina, Constantino
publicó el siguiente edicto en su contra:—
“ ‘Victor Constantino Maximo Augusto a los obispos y al pueblo: Puesto
que Ario ha imitado a personas malvadas e impías, es justo que padezca la
misma ignominia. Por lo tanto como pórfido, el enemigo de la piedad, por
haber compuesto canciones licenciosas contra la religión, he hallado una
recompensa adecuada, y como de allí en adelante lo he señalado con infamia
y abrumado con una recompensa merecida, destruyendo también sus escritos
impíos; de modo que ahora parece propio que Ario y todo aquel que sostiene
sus dichos, en denominados [profirios, que pueden tomar su apelación de
aquellos quienes sus conductas han imitado. Y además de esto, si se descubre
cualquier tratado escrito por Ario, que sea consignado a las llamas, de modo
tal que su depravada doctrina sea no sólo suprimida, sino que además no
quede memoria de él. Por lo tanto decreto, si se detecta a cualquiera que
oculte un libro compilado por Ario, y que de inmediato no lo presente para
ser quemado, la pena por la ofensa será la muerte; pues inmediatamente de
– 12 –
haber sido convicto, el criminal sufrirá la pena capital. Que Dios os guarde.’ ”
(p. 350, 351)
Un esfuerzo por ocultar la historia.
“ ‘Su libro ‘THALIA’ [de Ario] fue que ma do en el lu gar, y este
ejem plo se si guió en for ma tan ge ne ral, que lle gó a ser una obra muy
rara.”—Stan ley ‘His tory of the Eastern Church,’ Lecture iv, par. 39. El
de cre to que des te rra ba a Ario, duró poco tiem po para mo di fi car lo como
para sim ple men te prohi bir su re tor no a Ale jan dría.” (p. 350-351).
La iglesia católica ejerció todo su poder para destruir cualquier
registro de lo creído por Ario. Los únicos registros que tenemos son, o
los que escaparon a las manos del poder católico, o aquellos que
habían elegido retener, sea en su forma original o modificada por
ellos.
“Se circuló el cargo erróneo que todo el que fuera ariano creía que
Cristo era un ser creado [Nota de pie: Es dudoso que muchos hayan
creído en Cristo como un ser creado. Generalmente, aquellos cuerpos
evangélicos que se oponen a dicha política y fueron señalados como
arianos, confesaron tanto la divinidad de Cristo como que fuera
engendrado, no creado, por el Padre. Se retrajeron de otras deducciones
extremas y especulaciones acerca de la Deidad]” (Truth Triumphant,
p. 92 por Benjamín G. Wilkinson)
“Que las enseñanzas de Ario eran tales como lo que generalmente se
nos representa o no, ¿quién puede decir? Felipe Limborch duda que Ario
mismo haya sostenido que Cristo fuese creado en lugar de ser
engendrado.—Limborch, La historia de la Inquisición, p. 95.” (Verdad
Triunfante, p. 142, por Benjamín G. Wilkinson)
Es interesante saber que la historia de la controversia ariana se
ocultaría tan bien, que resultaría difícil determinar que es lo
precisamente creído por Ario. No obstante, parece dudoso que todas
las acusaciones presentadas contra Ario y sus seguidores sean
verídicas. Había sido la regla general marcar, como ariano, a todo
aquel que no subscribiera la doctrina de la Trinidad. Puesto que
comúnmente se pensó que los arianos creían que Cristo era un ser
creado, y por lo tanto no divino, ha sido una contínua acusación que si
uno niega la doctrina de la Trinidad, uno cree que ?Cristo es un ser
creado, negando Su divinidad. Esta acusación, al aplicarse a quienes
disienten con las enseñanzas adoptadas por la Iglesia Católica sobre
el tema, raras veces han sido ciertas.
– 13 –
Los eventos que siguieron al Concilio de Nicea.
“Como se observara anteriormente, aquellos quienes contra su
voluntad se han suscrito al credo del concilio de Nicea, estaban
determinados a redimirse tan pronto fuese posible, realizándolo por
cualquier medio. Y lo lograron. La historia es curiosa, y son valiosas las
lecciones que nos enseña…”
“En el año 327 AD, Constancia, la hermana de Constantino, se
mantuvo fiel al bando de Ario, teniendo un presbítero ariano como
consejero espiritual. Este presbítero la convenció que Ario había sido
injustamente condenado por el concilio. En sus últimas horas. ‘le suplicó
al emperador que reconsidere la justicia de la sentencia, como ella
declaró, contra aquel hombre inocente e incomprendido.’ Poco después,
Constantino le envió un mensaje a Ario llamándolo del destierro,
prometiendo mandarlo de vuelta a Alejandría. Ario retornó y le presentó
al emperador una confesión de fe que la pareció satisfactoria. Mas o
menos para la misma época, Constantino le restableció el favor a los otros
dos arianos importantes, Eusebio de Nicomedia y Teoglio Ptolemai.
‘Retornaron triunfantes a sus diósesis y echaron a los obispos que habían
sido asignados en su lugar.’—Milman ‘History of Christianity,’ book iii.
chap. iv, par. 21. Hosio habiendo regresado a su lugar en España,
Constantino se sintió bajo fuerte presión ariana, y los obispos arianos
comenzaron a usarlo para el logro de sus propósitos.”
“En el año 328 AD, Constantino viajó a Jerusalén para dedicar la
iglesia que allí se había levantado, y tanto Eusebio de Nicomedia como
Teoglio lo acompañaron.” (p. 355, 356)
Finalmente los arianos ganaron el apoyo de Constantino, y
Constantino ahora viajaba a través del imperio junto con los teólogos
prominentes del partido ariano. La influencia ariana sobre
Constantino era muy grande. Por medio del poder del emperador,
mandaron cinco veces al exilio a Atanasio.
“Atanasio fue nuevamente condenado, y desterrado a Treves en Gaul,
febrero 336 AD.”
“El retorno de Ario a Alejandría era causa de contínuo tumulto, y fue
llamado a Constantinopla. A requerimiento del emperador, Ario presentó
una nueva confesión de fe, que resultó satisfactoria, ordenando
Constantino que el obispo de Constantinopla reciba a Ario en la
hermandad de la iglesia en un día de culto público – ‘resultó ser sábado –
en cual día, como así también en domingo, se celebraba el culto público
en Constantinopla.’—Neander ‘History of the Christian Religion and
– 14 –
Church,’ Vol. ii, Section Fourth, division ii, a, par. 30. El obispo rehusó
completamente el admitirlo. Los arianos, bajo la autoridad del
emperador, amenazaron que el siguiente día domingo, forzarían su
entrada a la iglesia, y obligarían que sea admitido como miembro pleno.
Tras esto, el partido de Atanasio se refugió en la ‘oración’, el obispo oró
sinceramente antes bien para que la iglesia no cayese en desgracia, sino
por la muerte de Ario, y, por cierto, Ario murió la noche de ese mismo
día. En Constantinopla, donde los hombres estaban familiarizados con
los crímenes asiáticos, hubo mas de una sospecha de envenenamiento.
Pero cuando Alejandro proclamó que su oración había sido contestada, se
olvidaron lo que había sido la oración, y había poca diferencia entre orar
por la muerte de un hombre o en llevarla a cabo.’—Draper ‘Intellectual
Development of Europe,’ chap ix, par. 39.” (p. 358, 359)
“Pedido tras pedido fueron elevados a Constantino para que Atanasio
volviera a su lugar en Alejandría, pero el emperador simplemente los
denunció como orgullosos, turbulentos, obstinados e intractables,
recuando todas las peticiones. En el año 337 AD, frente a la muerte,
Constantino fue bautizado por uno de los obispos arianos; cerrándose así
la vida de quien una iglesia agradecida había acordado el título de ‘el
Grande,’ aún cuando, ‘probado’ en carácter, se cuenta entre los de menor
nivel de todos aquellos a quienes el epíteto se haya aplicado, tanto en los
tiempos antiguos como modernos.”—Enciclopedia Britannica. Artículo
‘Constantino.’
Surgen nuevos emperadores.
“A Constantino le sucedieron sus tres hijos; Constantino de 21 años de
edad; Constancio de 20 años, y Coinstanis de 17. Se dividieron el imperio
entre ellos. Constantino II tomó Constantinopla y una parte del oeste, con
preeminencia del rango; Constancio retuvo Tracia, Egipto y todo el
oriente; Constanis tomó la mayor parte del occidente. Constancio era un
ariano celoso, en tanto Constantino y Constanis eran católicos no menos
celosos.” (p. 359)
“En el mismo año [340 AD], Constantino II murió en una batalla con su
hermano Constanis. Esto dejó a los dos hermanos frente al imperio y la
religión – Constancio en Constantinopla y el este, Constanis en el oeste.
En el dominio de Constanis todos los arianos eran herejes. La guerra
religiosa siguió adelante, incrementándose en violencia.” (p. 360)
“En febrero del año 350 AD, Constanis fue asesinado por el usurpador
Magnentio, y en el 353 Constancia llegó a ser el único emperador tras la
– 15 –
derrota y muerte del usurpador. Constancio, tan pronto como se sintió
con la plena autoridad imperial, decidió ejercitar venganza sobre
Atanasio, haciendo que la doctrina ariana fuese la religión de todo el
imperio. Se propuso lograr esto al modo ortodoxo, mediante un concilio
general. Así fue como se había establecido la doctrina atenasiana, que
todos los católicos sostenían era estrictamente ortodoxa, estableciendo la
doctrina ariana mediante un proceso similar, por cierto no podía ser
menos ortodoxa.” (p. 366)
“Inmediatamente los oficiales comenzaron, con el mayor sigilio, a
juntar las tropas necesarias en la ciudad. Se tardó 23 años, y una fuerza de
cinco mil hombres tenían posesión de las partes más importantes de la
ciudad. La noche anterior a un solemne día de fiesta de la iglesia,
Atanasio estuvo liderando los servicios de la iglesia de Santo Tomás.
Repentinamente, al mediodía, hubo alrededor de la iglesia un sonar de
trompetas, un correr de caballos y choques de armas; las puertas se
abrieron violentamente, y con la descarga de una nube de humo,
irrumpieron los soldados con sables desenvainados, arremetiendo para
arrestar a Atanasio. ‘Los ayes de los heridos, los quejidos de los
pisoteados al tratar de forzar su salida, los gritos de los asaltantes, se
mezclaban en un clamor vívido y melancólico.’—Milman ‘History of
Christianity,’ book iii, chap. V, par. 28. En el tumulto, Atanasio escapó
nuevamente.” (p. 372, 373)
Escenas como estas no eran raras. La unión de la iglesia con el
estado dio origen a cualquier clase de violencia. Los obispos se
elegían y ordenaban rodeados por guardias fuertemente armados,
para protegerlos de las turbas amotinadas que habían de presidir.
El Concilio de Rimini.
“En el verano del año 359 AD, mas de cuatrocientos obispos se
reunieron en Rimini, de los cuales ochenta eran arianos. Ciento sesenta se
reunieron en Seleucia, de los cuales ciento cinco eran semiarianos; unos
cuarenta eran arianos, en tanto los católicos eran menos en número. Un
oficial de alto rango fue asignado para representar al emperador en cada
concilio, y al asignado a Rimini se le instruyó que no permitiera que los
obispos se retirasen hasta que todos, ‘habían llegado a un acuerdo
concordante concerniente a su fe.’ Para que haya tan poca dificultad
como sea posible en llegar a un acuerdo, se bosquejó un credo que se
envió al concilio para su firma. En ese momento, junto al emperador en
Sirmium estuvieron presentes cinco obispos, uno de los cuales era Jorge
– 16 –
de Alejandría, y todos eran arianos o semi arianos. Bosquejaron un credo,
los puntos principales fueron los siguientes:
“‘Creemos en un único y verdadero Dios el Padre y Regente de todos,
Creador y Demiurgo de todas las cosas, y en un único unigénito Hijo de Dios,
unigénito del Padre sin cambio antes de toda edad, y todo comienzo y todo
tiempo concebible, y toda sustancia comprensible, Dios de Dios, similar al
Padre, unigénito de acuerdo a las Escrituras, cuya generación nadie conoce
[comprende] sino el Padre que lo engendró.… Los términos ousia por ser
usados por los Padres en simplicidad [es decir, con buena intención], pero no
siendo comprendido por el pueblo, ocasionan escándalo, no estando
contenidos en la Escritura, será puesto a un lado, y en el futuro ninguna
mención se hace de Usia en relación a Dios.… Pero mantenemos que el Hijo
es similar en todo con el Padre, como lo dicen y enseñan las Sagradas
Escrituras.” (p. 377, 378)
Constancio empleó su poder para que todos firmen. Tal como su
padre antes que él, Constancio amenazó con destierro sobre todo
aquel que no firmase su declaración de creencias. Observe lo escrito
acerca del concilio de Milán, unos pocos años antes de este concilio.
“Entonces declaró que quienquiera no firme, podía esperar el
destierro. Ante esto, los obispos ortodoxos elevaron sus manos
suplicando al cielo, solicitando al emperador ‘que tema a Dios, quien le
había dado su dominio, que no le sea quitado; además que tema al día del
juicio, y que no confunda el poder secular con la ley de la iglesia, no
introduzca la herejía ariana dentro de la iglesia.’”—Hefele ‘History of the
Church Councils,’ sec. 74, par. 6.
“Se olvidaron que ellos mismos, por lo menos muchos de ellos, habían
aprobado unánimamente ante Constantino en el concilio de Nicea,
siguiendo el mismo curso que ahora condenaban en Constancio en el
concilio de Milán. En su aprobación de la acción de Constantino de forzar
sobre otros lo que ellos mismos creeían, se autorobaron el derecho a
protesta cuando Constancio o cualquier otro optare por forzar sobre ellos
lo que crecían otros. No les debería parecer extraño que cosecharan lo
que otros sembraban.” (p. 368)
A partir de este episodio, podemos aprender una importante
lección. En cualquier momento alguien emplea la fuerza, sea por
parte del gobierno o mediante cualquier otro medio, para persuadir a
otros para que crean como lo hacen, están ciertamente en el curso de
Satanás y sus seguidores. En la Biblia no encontramos sanción para
el empleo de la fuerza con el fin de persuadir a otros a creer de cierto
modo. Este espíritu fue manifestado por la Iglesia Católica en
– 17 –
muchas oportunidades a lo largo de la Edad Oscura. Este espíritu es
el espíritu del demonio. Pasemos revista a esta valiosa lección.
La doctrina ariana se convierte en ortodoxa.
En el año 360 AD, Constancio logra convertir en ortodoxa la
doctrina ariana.
“La confesión del emperador se publicó en todo el imperio, y los
obispos recibieron orden de suscribirla bajo pena de exilio si rehusaban.
‘Esta se cumplió con el máximo rigor en todas las provincias del imperio,
y muy pocos fueron los que firmaron con la mano lo que condenaban en
su corazón. Muchos quienes, hasta ese momento, se pensaba fuesen
invariables, suscribieron y cumplieron con los tiempos; y quienes no,
fueron echados de sus sedes y enviados al exilio, designando a otros en su
lugar, siendo la firma de esa confesión, requisito indispensable, tanto sea
para obtener con para retener la dignidad episcopal. Así, todas las sedes
del imperio fueron ocupados con arianos, de tal forma que en todo el
oriente no quedó obispo ortodoxo alguno y sólo uno en occidente; a
saber, Gregorio, obispo de Elvira en Andalusía, y él, con toda
probabilidad, obligado a ausentarse de su rebaño y permanecer oculto.’”
– Bower—‘History of the Popes,’ Liberius, par. 24, 25.
“Así Constancio tuvo mayor éxito que su padre en establecer ‘la
unidad de la fe.’ Esa fe fue el arianismo original. Y ahora el arianismo era
tan ortodoxa, y, si se emplea el sentido acomodado del término, tan
católica como había sido el atanasianismo.”(p. 381, 382)
Esta etapa de la historia, es bien desconocida por la gran mayoría
de los católicos. Pocos admitirán que la doctrina cristiana fuera
considerada ortodoxa en algún momento de la historia de la Iglesia
Católica.
Se restablece la doctrina de la Trinidad.
Esto, no obstante, no era el fin de la controversia. Como veremos,
el atanasianismo se estableció nuevamente dentro de la Iglesia
Católica.
“En el año 375 murió Valentino, y le sucedieron sus dos hijos,
Gratiano de 16 años y Valentino II de 4 años.”
“Gratiano fue el instrumento de los obispos. En ese momento
Anastasio fue el obispo de Milán, y no hubo ambición episcopal más
arrogante que la demostrada en ese prelado insolente. Pronto la mente del
obispo mostró su supremacía sobre el niño emperador, y Anastasio
– 18 –
‘manejó a su voluntad este débil e irresoluto Gratiano.’—Milman
‘History of Christianity,’ book iii, chap. viii, par. 28. Pero sobre todas las
cosas que realizó Gratiano, lo que más repercutió en favor de la gloria de
la iglesia católica, fue la elección de Teodosio como asistente del
emperador. Volens murió en batalla con los godos, año 378 AD. Se
necesitaba una mano más rigurosa que la de un joven de 19 años para
sostener las riendas del gobierno en el este.”
“En el establecimiento de la iglesia católica, Teodosio ocupaba el
segundo lugar después de Constantino. A principios del año 380, fue
bautizado por el obispo católico de Tesalónica, y en seguida dictó el
siguiente edicto:
“‘Es nuestro placer que las naciones gobernadas bajo nuestra clemencia y
moderación, deben resueltamente adherirse a la religión enseñada por San
Pablo a los romanos, cuya tradición he preservado fielmente, y profesado
ahora por el pontífice Damasio y por Pedro, obispo de Alejandría, un hombre
de santidad apostólica. De acuerdo a la disciplina de los apóstoles, y la
doctrina del evangelio, creemos en la única deidad del Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo: bajo la misma majestad de la Santa Trinidad [Esta es la
primera mención del término Trinidad en cualquiera de los credos o
edictos, de todo lo que nosotros conocemos]. Autorizamos a los
seguidores de esta doctrina a invocar el título de Católico Cristiano, y como
juzgamos a todos los demás como locos extravagantes, los señalamos con el
infame título de ‘herejes,’ y declaramos que todos sus conventículos no
usurpen más el aprecio respetable de las iglesias. Además de la condenación
por parte de la justicia divina, deben esperar sufrir las severas penas que
nuestra autoridad, guiada por la sabiduría celestial, crea conveniente aplicar.’
“Esta ley fue emitida en nombre de los tres emperadores, Gratiano,
Valentino II y Teodosio. ‘Así la religión de todo el imperio romano fue
establecida por dos jóvenes y un insolente soldado español.’—Milman
‘History of Christianity,’ book iii, chap. ix, par. 1.
“En Constantinopla, los católicos eran tan pocos, que al asumir
Teodosio no tenían lugar regular de reunión, ni tampoco pastor.” (p. 387,
388)
El Concilio de Constantinopla.
“Al principio del año 381, Teodosio emitió un edicto echando de las
iglesias de todo su dominio, a todos los obispos y otros eclesiásticos que
rehusaban suscribir el credo de Nicea. Por medio de un oficial
comisionado, juntamente con una fuerza militar, el edicto se ejecutó en
todas las provincias del oriente. Habiendo establecido así su religión a
– 19 –
través de todo el imperio, la próxima cosa que debía hacer era conseguir
que un concilio general endose su acción, solucione las disputas que
molestaban al mismo partido católico, para nuevamente establecer la fe
de la iglesia católica. A tal efecto, el mismo año 381, se convocó a un
concilio general a realizarse en la ciudad de Constantinopla.”
“El concilio se reunió el mes de mayo, formado por 186 obispos – 150
católicos y 36 no católicos.” (p. 391, 392)
“…150 obispos redactaron el siguiente credo.”
“‘Creemos en un Dios, el Padre Todopoderoso, Creador de cielo y tierra, y
de todo lo visible e invisible, y de un Señor Jesucristo, el único unigénito Hijo
de Dios, unigénito del Padre antes de todos los tiempos [edades] [Observe
que todavía creían que el Hijo de Dios era unigénito del Padre antes de todas
las edades]. Luz de Luz, Dios de Dios, unigénito y no creado, de la misma
sustancia con el Padre, por quien fueron echas todas las cosas; quien por
nosotros y por nuestra salvación, descendió del cielo, fue encarnado por el
Espíritu Santo en la Virgen María y fue hecho hombre; fue crucificado bajo
Pontio Pilato, sufrió y fue sepultado, el tercer día se levantó nuevamente de
acuerdo a las Escrituras y ascendió al cielo; vendrá otra vez con gloria para
juzgar a los vivos y a los muertos; cuyo reino no tendrá fin. Creemos en el
Santo Espíritu de Dios, el Señor y Dador de vida, quien procede del Padre;
quien con el Padre y juntamente con el Hijo es adorado y glorificado, quien
habló por medio de los profetas. Creemos en una Santa Iglesia Católica y
apostólica. Esperamos la resurrección de los muertos, y la vida en el mundo
por venir.’” (p. 396)
Hasta este momento la mayoría parte de la controversia giraba en
torno al Padre y Su Hijo. Pero en este nuevo credo se agregó el
Espíritu Santo como una tercera persona. Fue así que la actual
doctrina de la Trinidad fuera primeramente presentada como credo.
Aún cuando la mayoría votó en favor de la doctrina de la Trinidad,
muchos no suscribieron las enseñanzas de la Iglesia Católica sobre
el tema.
“Nadie culpará a los evangélicos por haberse apartado del punto de
vista papal acerca de la Trinidad, cuando la historia nos enseña que sus
enfoques eran lo suficientemente fuertes como para hacer que dos papas
firmen decretos contrarios a la política del papado en relación a Nicea.”
(Benjamin G. Wilkinson, Verdad Triunfante, p. 93)
“Quienes se apartaron de las especulaciones y conclusiones extremas
de los así llamados trinitarios, creyeron en Deuteronomio 29:29: ‘Las
cosas secretas pertenecen al Señor nuestro Dios; pero las cosas reveladas
– 20 –
son para nosotros y nuestra posteridad para siempre.’” (Benjamin G.
Wilkinson, Verdad Triunfante, p. 93, 94)
La iglesia valdense que se mantuvo fiel al evangelio durante la
edad oscura, no creía en la Trinidad.
“No resulta extraño que la iglesia celta, la gótica, la valdense, la
armenia y la gran iglesia del oriente, como así también otros cuerpos,
diferieron profundamente del papado en sus conceptos metafísicos de la
Trinidad, y en consecuencia en la importancia de los Diez
Mandamientos.” (Benjamin G. Wilkinson, Verdad Triunfante, p. 94)
Los cristianos valdenses, quienes durante la Edad Oscura,
mantuvieron la pureza de la Biblia, no creyeron en la doctrina de la
Trinidad.
“No sorprende que la iglesia céltica, gótica, valdense, armenia y la
Gran Iglesia del Este, como así también otros cuerpos, difirieron
profundamente con el papado en losa conceptos metafísicos de la
Trinidad y, consecuentemente en la importancia de los Diez
Mandamientos.” (Benjamin G. Wilkinson, Verdad Triunfante, p. 94)
“Evidentemente Claudio, al sostener que Cristo era de naturaleza divina,
no aceptó las especulaciones extremas acerca de la Deidad, y que fueron
votadas por el primer concilio de Nicea. Esto era verdad en el caso de la
mayoría de los cuerpos evangélicos que mantenían diferencias con la
Iglesia de Roma.” (Benjamin G. Wilkinson, Verdad Triunfante, p. 222)
Quienes rechazaron la doctrina de la Trinidad, lo hicieron porque
afectaba a muchas otras doctrinas.
“Tenía, no obstante, un efecto profundo sobre otras doctrinas
relacionadas al plan de salvación y los actos externos de adoración,
creándose un golfo entre el papado y las instituciones y la iglesia que
Patricio había fundado en Irlanda.” (Benjamin G. Wilkinson, Verdad
Triunfante, p. 92)
La doctrina central de la Iglesia Católica.
“La pregunta ardiente de las décadas posteriores al concilio de Nicea,
era como explicar las relaciones de las Tres Personas de la Deidad, Padre,
Hijo y Espíritu Santo. El concilio había decidido, y el papado se había
apropiado de la decisión como suya propia.” (Benjamin G. Wilkinson,
Verdad Triunfante, p. 91)
Hasta el día de hoy, el papado admite que ellos son quienes
formularon la doctrina.
“El misterio de la Trinidad, constituye la doctrina central de la fe
católica. Sobre ella se basan todas las demás enseñanzas de la iglesia…
– 21 –
“La iglesia estudió este misterio con gran cuidado, después de cuatro
siglos de clarificación, y decidió explicar la doctrina de este modo: en la
unidad de la Deidad hay tres Personas, – el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo…” (Manual para el católico de hoy, p. 11)
“Nuestros oponentes [los protestantes] a menudo sostienen que
ninguna creencia debe ser dogmatizada si no se halla específicamente
declarada en las Escrituras (ignorando que sólo bajo autoridad de la
iglesia que reconocemos como ciertas ciertos evangelios y no otros).
Pero las iglesias protestantes mismas han aceptado tales doctrinas como
la Trinidad, para la cual no hay autoridad precisa en los Evangelios.”
(Life Magazine, oct. 30, 1950)
La Iglesia Católica no tomó la doctrina de la Trinidad a partir de la
Biblia, sino mas bien adoptada de las religiones paganas.
“La doctrina platónica en sí, es meramente una recomposición de otras
trinidades provenientes de otras culturas, pareciendo ser la trinidad
filosófica racional de atributos que dan origen a las tres hipótesis de
personas divinas enseñada por las iglesias cristianas… Este concepto de
la trinidad del filósofo griego [Plantón siglo IV BC] …puede encontrarse
en todas las antiguas religiones paganas.” (París, 1865 – 1870, Nouveau
Dictionaire Universel, editado por M. Lachatre, vol. 2, p. 1457)
Testimonio de los primeros escritores de la Iglesia.
Justino Martyr, al citar Prov. 8:22, se refiere a Cristo del siguiente
modo:
“Jehová me creó en el principio de Sus caminos para Sus obras… Me
engendró antes que los montes.” Agrega, “Percibieron mis oyentes, si
presta atención, que las Escrituras han declarado que Su Descendiente
fuera engendrado por el Padre antes que todas las cosas creadas, y que lo
engendrado es numéricamente distinto del que engendra. Esto lo admitirá
cualquiera.” (Justino Martyr, Diálogo con Tifo, cap. CXXIX)
Irineo de Lyon, escribió:
“Para la Iglesia, aún cuando se encuentra dispersa en el mundo hasta
los extremos de la tierra, de los apóstoles y discípulos ha recibido la fe en
un Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo, la tierra, el mar y todo lo
que en ellos hay, y en un Señor Jesucristo el Hijo de Dios.” (Contra
Herejías, 1:10:1 [AD 189]).
Tertuliano escribió:
“En verdad nosotros creemos que hay un solo Dios, pero creemos que
bajo esta dispensación, o, como decimos, oikonomia, existe también un
– 22 –
Hijo de este único Dios, el Verbo, quien procedió de El y por medio de
quien se hicieron todas las cosas, y sin él nada se hizo.” (Contra Praxeas
2 [AD 216]).
Orígenes escribió:
“Los puntos específicos presentados por la predicación apostólica, son
estos: Primero, que hay un Dios que creó y formó todas las cosas, y quien,
cuando no existía nada, llamó todas las cosas a la existencia, y que el la
etapa final este Dios, tal como lo prometió de antemano por medio de Sus
profetas, envió al Señor Jesucristo. Segundo, que Jesucristo mismo,
quien provino, nació de Su Padre antes que todas las cosas creadas, y
luego de haber ministrado ante el Padre en la creación de todas las cosas,
pues por medio de él se hicieron todas las cosas.” (La Doctrinas
Fundamentales, 1:0:4 [AD 225]).
Novatio escribió:
“Dios el Padre, fundador y creador de todas las cosas, quien no conoce
principio, quien es invisible, inmensurable, inmortal y eterno, es un solo
Dios. Ni Su grandeza, ni Su majestad, ni Su poder no pueden jamás
ser—no puedo decir que sean excedidos, pues no pueden ser excedidos.
De El nació el Verbo, Su Hijo… y este último, dado que nació del Padre,
está siempre en el Padre. Y en verdad digo siempre… El que existe antes
de todo tiempo, debe decirse que ha estado siempre en el Padre, pues el
que existió antes del tiempo, no se lo puede relacionar con el tiempo… En
realidad, él [el Hijo] es Dios, procedente de Dios, formando como Hijo,
una segunda persona después del Padre, no eliminando al Padre, sino que
Dios es uno.” (Tratado sobre la Trinidad, 31 [AD 235]).
Epifano de Salami, escribió:
“Creemos en un solo Dios, el Padre Todopoderoso, creador de todas
las cosas, visibles e invisibles, y en nuestros Señor Jesucristo, el Hijo de
Dios, engendrado de Dios Padre, unigénito, es decir, de la substancia del
Padre, Dios de Dios, luz de luz, verdadero Dios de verdadero Dios,
engendrado, no creado…” (El Hombre Bien Anclado, 120 [AD 374])
El testimonio de los escritores de la primitiva iglesia, aclaran que el
concepto de la Trinidad, era ajena a los cristianos hasta que fuera
adoptado después del Concilio de Nicea. Desde ese momento, la
doctrina ha sido modificada hasta llegar a lo que hoy tenemos como
doctrina central de la fe católica. Los protestantes sostienen que se
hallan libres de la tradición católica, sin embargo, la mayoría de las
iglesias protestantes se aferran a la doctrina de la Trinidad, junto a
muchas otras enseñanzas católicas, aún cuando no tienen una clara
prueba bíblica para sostenerla.
– 23 –
A muchas personas les agradaría que usted crea que la doctrina de
la Trinidad siempre ha formado parte de la enseñanza cristiana. No
obstante, es claro que esta enseñanza fue adoptada por la Iglesia
Católica mucho tiempo después de la muerte de Cristo y sus
apóstoles. También queda claro que la primitiva iglesia no sostenía
esta doctrina.
Desde el principio hasta los días de Cristo, y después, el pueblo de
Dios creyó que Cristo surgió [nació] antes de los tiempos, y que Dios,
Su Padre, lo entregó p[ara nosotros: “De tal manera amó Dios al
mundo que dio Su único unigénito Hijo, para que todo aquel quien en
El crea, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Juan 3:16). Esta fue la
creencia de los apóstoles, esta es la creencia que la verdadera iglesia
de Cristo sostendrá a Su regreso.
“Como errores fundamentales, podemos clasificar otros errores junto
al falso día sábado, que los protestantes han adquirido de la Iglesia
Católica, tal como el asperjado de agua en el bautismo, la trinidad, la
conciencia de los muertos, y la vida eterna en sufrimiento. La masa que
ha sostenido estos errores fundamentales, sin dudas lo ha hecho en forma
involuntaria, pero puede suponerse que la iglesia de Cristo seguirá con
sus tres errores hasta que llegue el día del juicio sobre la tierra. No lo
creemos (Jaime White, Review and Herald, vol. 6, Nº 5, p. 36, párrafo 8,
sept. 12, 1854)
Abandonemos el error fundamental de la Trinidad, que puede ser
rastreado hasta el siglo cuarto, a menos que estemos mirando a las
religiones paganas. Oremos para permanecer dentro de la ley, junto
a los fieles que rechazaron esta doctrina no bíblica. No deseamos
entrar en controversia con la Iglesia Católica sobre esta enseñanza,
sino porque la doctrina tiene efectos negativos sobre la expiación y
muchos otros aspectos de la fe cristiana.
– 24 –
“Porque dos males ha hecho mi pueblo:
dejáronme á mí, fuente de agua viva, por cavar
para sí cisternas, cisternas rotas que no detienen
aguas.” (Jeremías 2:13)

La Formulación de la Doctrina de la Trinidad es un estudio
de como la doctrina de la Trinidad vino a ser considerada como
una enseñanza Ortodoxa en el Cristianismo. Tu estarás
intrigado ha aprender los eventos alrededor de la formulación
de una de la más controversiales enseñanzas doctrinales en el
Cristianismo.
Yo ruego que este folleto sea una bendición.
Fue escrito por Lynnford Beachy
y publicado por
Smyrna Gospel Ministries.
Por un libro gratis en los eventos de los últimos días,
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Kansas, Oklahoma 74347
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Fono: (304) 633-5411
Internet: http://www.presenttruth.info
E-mail: info@presenttruth.info
La Formulación
de la Doctrina
de la Trinidad

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