La Justicia de Dios

La justicia es el “estado de aquel que es como debe ser,… la integridad, la virtud, la pureza de vida, rectitud, corrección de pensar, sentir y actuar “(Léxico griego Thayer). Se trata de un alto nivel que hay que alcanzar. Pablo lo llama algo que esperamos. Él escribió: “Mas nosotros por el Espíritu aguardamos la esperanza de la justicia por fe”. (Gálatas 5:5). Podemos esperar tener justicia, pero sólo viene por la fe.

La justicia es el estado de estar puro; de pensar, sentir y actuar correctamente. Jesús lo dijo de esta manera: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Este es un objetivo aparentemente inalcanzable. ¿Cómo puedes ser tan perfecto como nuestro Padre celestial? La Biblia nos dice: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia…” (Isaías 64:6). Tiene que haber algo más en este cuadro de lo que está a la vista.

Una imagen más clara

Pablo explicó cuál es la justicia que podemos obtener por la fe, cuando escribió: “la justicia de Dios que es por la fe de Jesucristo, para todos y sobre todos los que creen; porque no hay diferencia; por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:21, 22). Aquí aprendemos que la justicia que obtenemos por la fe es “la justicia de Dios”. Con seguridad esto hace más fácil entender el pedido de Jesús de que seamos tan perfectos como su Padre, porque la justicia que obtenemos por la fe es la justicia propia de Dios.

La Biblia dice: “En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado: y este será su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA” (Jeremías 23:6). El Señor es nuestra justicia. Él es nuestra única esperanza de ser perfecto. Pablo lo explicó de esta manera: ” Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual de Dios nos es hecho sabiduría, y justificación, y santificación y redención” (1 Corintios 1:30). Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Jesús es el camino a la justicia del Padre. Si tenemos a Cristo tenemos la justicia de Dios: “Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Cristo en ti es lo que hace que “seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19). ¡Esto es increíble!

Pablo oró para “… ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es de la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad a su muerte” (Filipenses 3:9,10). La justicia que debemos tener es “de Dios por la fe”, pero no cualquier clase de fe, es “la fe de Cristo”. ¡Esto es poderoso! La justicia de Dios sólo puede alcanzarse por la fe, pero no nuestra propia fe débil; sino que sólo se puede obtener por la fe de Jesucristo. Esa fe no tiene límites. Con su fe, todo es posible.

De Fe en Fe

Pablo confesó: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; a los Judíos primeramente y también al griego. Porque en él la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá “(Romanos 1:16, 17). Note el valor de esa frase. La justicia de Dios se revela por fe y para fe, de nuestra débil fe a la fe ilimitada de Cristo. Cuando venimos a Cristo ejercemos nuestra pequeña “medida de fe” (Romanos 12:3) que cada uno hemos sido dado, pero luego alcanzamos su fe ilimitada. Por favor, no te pierdas este importante punto. Jesucristo te da su fe como un don gratuito.

La fe es muy importante. La Biblia dice sobre el fracaso de los hijos de Israel: “Así que vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad” (Hebreos 3:19). Nunca fueron capaces de participar de Cristo (v. 14) y su justicia a causa de su incredulidad. Las promesas de Dios parecían demasiado buenas para ser verdad, por lo que se mantuvieron en la incredulidad. Amigos, no debemos seguir su ejemplo. “Porque somos hechos participantes de Cristo, si retenemos el principio de nuestra confianza firmes hasta el fin” (Hebreos 3:14). Una de las grandes cosas que los hombres no logran comprender es que si tenemos a Cristo, entonces tenemos “la fe de Cristo”.

Note lo que la Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe…” (Gálatas 5:22). Ten en cuenta que la “fe” es parte del fruto del Espíritu. Esto no puede ser nuestra fe, sino que tiene que ser “la fe de Cristo”. ¡Amigos, esto es algo grandioso! Tenemos la fe de Cristo en estos momentos si la aceptamos y creemos poseerla.

Beneficios Increíbles

Mucha gente pasa por alto los beneficios increíbles que tenemos en Cristo. La Biblia dice: “… no tenéis, porque no pedís” (Santiago 4:2). Jesús dijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29). Esto es tanto una promesa increíble y un desafío aterrador al mismo tiempo. Nosotros no tenemos porque no pedimos, y tenemos de acuerdo a nuestra fe. Si creemos que tenemos “la mente de Cristo”, “el Espíritu de Cristo”, “el amor de Cristo”, “la mansedumbre y ternura de Cristo”, “la obediencia de Cristo”, “las inescrutables riquezas de Cristo , “la gracia de Cristo”, y “la fe de Cristo” (1 Corintios 2:16, Romanos 8:9, 35; 2 Corintios 10:1,5; Efesios 3:8, Gálatas 1:6, Filipenses 3:9), entonces son nuestras, y nuestras vidas manifestaran este hecho, pero, si no creemos entonces no las poseemos, porque solo  se obtienen por la fe.

Esto es en realidad un proceso muy simple; tan simple como el ABC. Pídele a Dios que cumpla Sus promesas en tu vida; cree en lo que Dios ha dicho que va a hacer, y luego reclama las promesas como completamente tuyas. Parece demasiado bueno para ser verdad, pero yo lo he probado, y funciona. La clave es no dudar que estas promesas son tuyas. Nunca dejar de confiar en la palabra de Dios para hacer lo que dice la palabra. Eso es lo que Jesús llamó “gran fe” (Mateo 8:5-10). La fe debe estar basada en la poderosa palabra de Dios, y no puede ser genuina sino tiene un fundamento.

Pueda que tenga fe en que mi viejo auto será capaz de conducirme hasta Alaska y de vuelta, pero si el Señor no dio instrucciones que me vaya a Alaska en ese auto, ¿cómo puedo tener la certeza de que lo hará de forma segura? Pero Dios prometió en su Palabra: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). Esta es una promesa totalmente sólida que podemos reclamar y estar 100% seguro de que va a suceder porque Dios lo prometió. Lo mismo ocurre con todas las promesas acerca de los beneficios que tenemos cuando Cristo vive en nosotros.

Todas las riquezas del cielo nos han sido otorgadas en un don insondable; el don de Jesucristo. En él son todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad. La Biblia dice: “Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios, y de Jesús nuestro Señor. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de Aquél que nos ha llamado a gloria y virtud; por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fuésemos hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia” (2 Pedro 1:2-4).

Todas estas bendiciones del cielo están disponibles para nosotros “a través del conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.” Llegar a conocer a Dios ya su Hijo nos permite tener acceso a mucho más de lo que es posible sin este conocimiento. Al darte cuenta de la inmensidad de las bendiciones que son tuyas con sólo pedirlas, tendrás la llave para abrir la realidad de que eres partícipe de la naturaleza divina y así escapar de la corrupción que hay en el mundo. Cuando invitas a Jesucristo a morar en tu corazón inmediatamente posees todo lo necesario para vivir una vida victoriosa.

Cristo en ti

La Biblia dice, “Examinaos [probad] a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿No os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que seáis reprobados [no pasando la prueba]? “(2 Corintios 13:5). Con Cristo en ti, tienes todo, pero sin Cristo, no tienes nada.

La Biblia dice, “que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor”, (Efesios 3:17) Jesucristo mora en ti por la fe. Es por eso que es tan importante lo que uno cree. Si te basas en sus promesas para creer que Cristo mora en ti, entonces él mora en ti. Satanás trata continuamente de hacernos dudar de que Cristo vive en nosotros. Hay una batalla contra tu mente y tu fe. Jesús dijo: “Ésta es la obra de Dios, que creáis en aquel a quien él envió”. (Juan 6:29, VM, H.B Pratt, 1929). La obra de Dios es conseguir que creas en Cristo, y la obra de Satanás es conseguir que dudes. Es por ello que esta batalla se llama, “… la buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12).

Realmente es un misterio cómo Cristo puede morar en nosotros, pero la Biblia ha revelado este misterio, “a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria”. (Colosenses 1:26, 27). Tener a Cristo viviendo en nosotros es la única esperanza de salvación.

Pablo explicó: “Con Cristo estoy juntamente crucificado; mas vivo, ya no yo, sino que Cristo vive en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20). Nuestra poca fe es capaz de alcanzar a Cristo para que él pueda vivir en nosotros, es entonces que vivimos nuestras vidas “por la fe del Hijo de Dios”. Es la fe de Cristo, que nos capacita para vivir una vida victoriosa.

El espíritu del Anticristo

Juan escribió: “el que guarda sus mandamientos, permanece en Él, y Él en él. Y en esto sabemos que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado… En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y éste es el espíritu del anticristo, del cual vosotros habéis oído que ha de venir, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” (1 Juan 3:24 -4:4)

Note la conexión aquí. Juan primero declaró que “sabemos que Él permanece en nosotros”, y cierra con que “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo”. Entre estas declaraciones está su advertencia contra los falsos maestros “que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne… “Note el contexto aquí. La advertencia está en contra de los falsos maestros que afirman que Jesucristo no permanece en tu carne. Este es un error peligroso porque “mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.” Si no tienes a Cristo en ti, entonces no tienes la ventaja que necesitas sobre “vuestro adversario el diablo,” que “como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

No dejes que nadie te engañe haciéndote creer que Jesucristo no mora en tu carne en estos momentos. “Cristo en vosotros” es tu única “esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Pablo explicó: “… vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él “(Romanos 8:9). El Espíritu de Cristo es nuestra cuerda de salvación hacia Dios. La Biblia dice: “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; y el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:11, 12).

El Hijo de Dios

Hay una fuerte conexión entre la justificación por la fe y el hecho de que Jesús es el Hijo de Dios. Juan escribió: “Porque todo aquel que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4, 5). Para que podamos vencer al mundo y tener la justicia de Dios, debemos creer que “Jesús es el Hijo de Dios”.

Jesús vivió una vida única cuando estuvo aquí. Él fue la única persona nacida que vivió toda su vida sin cometer un pecado. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado “(Hebreos 4:15). Jesucristo íntimamente sabe lo que estamos pasando, y sabe exactamente cómo darnos la victoria. La Biblia dice: “Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer [ayudar] a los que son tentados” (Hebreos 2:18).

No sólo conoce Jesús lo que estamos pasando, pero él tiene una conexión divina con el Padre que le permite hallarnos dónde estamos para luego llevarnos donde está su Padre. Para ilustrar la conexión absoluta de Cristo a Dios, Pablo escribió: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, y por quien asimismo hizo el universo; El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo hecho la purificación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas; Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos “(Hebreos 1:1-4).

El Hijo de Dios es “la imagen misma” de su Padre, que heredó todas las cosas de su Padre, incluyendo su naturaleza pura y santa. Más adelante en este capítulo, la Biblia dice: “Mas del Hijo [el Padre] dice: Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre; Cetro de equidad es el cetro de tu reino. Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; por lo tanto Dios, el Dios tuyo, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros “(Hebreos 1:8, 9).

Aquí, Jesucristo es llamado “Dios” por Su propio Padre. También se dice que él ama la justicia y odia la iniquidad (el pecado). La justicia pura de Dios es un atributo del carácter del Hijo divino de Dios. Jesús profetizó en el libro de los Salmos: “Me complazco en hacer tu voluntad, oh Dios mío; Y tu ley está dentro de mi corazón” (Salmo 40:8).

El hecho de que Jesús es el Hijo de Dios garantiza que él tiene la misma naturaleza de Dios. Su amor natural por la justicia y el odio por la iniquidad los recibió por herencia de su Padre. Si Jesucristo no tuviese lazos filiales que lo relacionan con Dios el Padre, entonces no habría ninguna garantía de que son iguales. Es la conexión de Cristo a su Padre y a nosotros, que nos capacita para participar de su naturaleza divina. Del mismo modo que la conexión de Cristo a su Padre es vital, su relación con nosotros es vital. La Biblia dice: “Por cuanto le era preciso ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel Sumo Sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:17). “Porque tal Sumo Sacerdote nos convenía; santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos;” (Hebreos 7:26). El divino Hijo de Dios “se hizo semejante a nosotros”. Esto conecta de manera inseparable la divinidad y humanidad, pero esta conexión es sólo en Cristo. Para poder ser estar conectados con la divinidad, Cristo debe morar en nosotros.

The divine Son of God “became us.” This inseparably connects divinity and humanity, but this connection is only in Christ. For us to be connected with divinity, we must have Christ in us.

Conclusión

Dios nos ha dado todo lo que necesitamos para prosperar como hijos suyos. La Biblia dice: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él apareciere, seremos semejantes a Él, porque le veremos como Él es. Y cualquiera que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro”. (1 Juan 3:1-3).

Dios nos ha confiado tanto. Él nos ama lo suficiente como para hacernos sus hijos y purificarnos “así como él es puro”. Esta maravillosa capacidad sólo nos es otorgada a través de la fe en Jesucristo. El tener a Jesucristo morando en el corazón abre un tesoro inmenso de bendiciones celestiales que están disponibles para todos los que creen.

Mi oración es que aceptes la gran bendición de Cristo en ti, y que le permitas vivir continuamente en ti, “que la justicia de la Ley se cumpla en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8: 4). Le pido a Dios que realmente puedas participar de la dádiva de la justicia de Dios por la fe de Jesucristo.

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